‘Abad · Shamar (עָבַד · שָׁמַר)

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1. Significado básico

En Génesis 2:15 aparecen juntos dos verbos fundamentales:

‘abad (עָבַד) — trabajar, servir, cultivar.
shamar (שָׁמַר) — guardar, cuidar, vigilar, preservar.

El texto afirma:

«Tomó, pues, Jehová Dios al hombre, y lo puso en el huerto de Edén, para que lo labrara y lo guardase».

En hebreo:

le‘ovdah uleshomrah
«para trabajarlo/servirlo y guardarlo».

Los dos verbos poseen campos semánticos amplios. ‘Abad puede designar trabajo agrícola, servicio humano e incluso servicio a Dios; shamar puede expresar guardar, vigilar, proteger, conservar u observar una instrucción o alianza (Koehler et al., 1994–2000).

En Génesis 2:15, juntos describen una relación activa y responsable con el mundo confiado al ser humano.

2. ‘Abad — trabajar y servir

El verbo ‘abad puede expresar:

  • trabajar;
  • cultivar la tierra;
  • realizar una labor;
  • servir a otra persona;
  • servir a un rey;
  • servir a Dios.

Por eso, traducirlo únicamente como «trabajar» capta una parte importante del sentido, pero no agota su campo semántico.

En Génesis 2:5 ya aparece la necesidad de alguien que trabaje la tierra. Después, en 2:15, Dios coloca al ser humano en el jardín para ‘abad.

El trabajo aparece, por tanto, antes de la caída.

Esto es importante: el trabajo no es presentado en sí mismo como maldición. Lo que Génesis 3 introduce es la fatiga, resistencia y frustración asociadas al trabajo en una creación afectada por el pecado (Hamilton, 1990; Mathews, 1996).

3. Shamar — guardar y cuidar

Shamar posee igualmente un campo amplio:

  • guardar;
  • vigilar;
  • proteger;
  • conservar;
  • prestar atención;
  • observar cuidadosamente.

El verbo puede utilizarse para proteger algo físico, guardar una responsabilidad o cumplir fielmente una instrucción.

Aplicado al jardín, introduce una dimensión que va más allá de producir.

El ser humano no recibe únicamente una tierra de la cual extraer recursos.

Recibe también algo que debe:

cuidar, preservar y proteger.

Así, ‘abad y shamar se equilibran mutuamente:

trabajar sin destruir;
utilizar sin agotar;
recibir sin apropiarse absolutamente.

4. Una vocación anterior a la caída

Génesis 2:15 aparece en el mundo todavía descrito como bueno.

Esto permite hacer una distinción fundamental:

trabajo ≠ consecuencia del pecado.

El trabajo pertenece al proyecto creador.

La caída transforma las condiciones en las que se trabaja:

«con dolor comerás de ella todos los días de tu vida» (Gn 3:17).

La vocación permanece, pero ahora aparece atravesada por:

  • fatiga;
  • frustración;
  • resistencia;
  • conflicto;
  • pérdida.

Wenham (1987) y Hamilton (1990) destacan esta continuidad y ruptura entre Génesis 2 y Génesis 3.

5. Trabajo y cuidado forman una unidad

Una de las aportaciones más importantes de la pareja verbal es precisamente que la vocación humana no queda reducida a producción.

El ser humano debe:

‘abad — trabajar
y
shamar — guardar.

Producción sin cuidado puede convertirse en explotación.

Cuidado sin participación responsable puede convertirse en pasividad.

Génesis mantiene ambas realidades juntas.

La vocación humana implica:

transformar responsablemente
y
preservar aquello que ha sido confiado.

Esta lógica complementa la función representativa de tselem: la humanidad ejerce autoridad dentro de la creación, pero lo hace como criatura responsable ante el verdadero propietario, Dios (Middleton, 2005).

6. ¿Hay una dimensión sacerdotal?

Existe una observación interesante que conviene presentar con cautela.

Los verbos ‘abad y shamar aparecen posteriormente también en contextos relacionados con el servicio y la custodia del santuario y con determinadas responsabilidades sacerdotales y levíticas.

Por ello, algunos intérpretes han visto en Génesis 2:15 una posible resonancia sacerdotal: el ser humano no sería solamente agricultor del jardín, sino también guardián de un espacio especialmente asociado con la presencia divina.

Esta lectura puede enriquecer la comprensión del texto, pero no necesitamos convertirla en la única explicación posible.

Léxicamente, los verbos significan primero trabajar/servir y guardar/cuidar. La lectura sacerdotal pertenece a una interpretación canónica más amplia, no a la definición de diccionario (Davidson, 2015; Wenham, 1987).

7. Trabajo no equivale a valor

El hecho de que el trabajo pertenezca a la creación buena no significa que el valor humano dependa de la productividad.

Génesis establece primero:

el ser humano es creado a imagen de Dios.

Después recibe una tarea.

Por tanto:

la identidad precede a la productividad.

La persona no adquiere dignidad porque trabaja.

Trabaja desde una dignidad que ya ha recibido.

Esta distinción resulta especialmente importante en contextos donde la persona puede llegar a identificarse casi exclusivamente con:

  • profesión;
  • rendimiento;
  • resultados;
  • éxito;
  • reconocimiento laboral.

Tselem establece el valor.

‘Abad describe una dimensión de la vocación.

No debemos intercambiar ambas cosas.

8. El trabajo como participación y servicio

El campo semántico de ‘abad permite también reconocer que el trabajo puede comprenderse como una forma de servicio.

Trabajar no significa únicamente producir para uno mismo.

Puede ser una forma de:

  • contribuir;
  • cuidar;
  • sostener;
  • crear;
  • ordenar;
  • beneficiar a otros.

Esto no convierte automáticamente todo empleo en vocación ideal ni justifica condiciones laborales injustas.

Pero permite recuperar una dimensión importante:

el trabajo puede poseer sentido más allá del rendimiento económico.

Dentro del marco bíblico, la actividad humana puede participar responsablemente en el cuidado del mundo y de los demás.

9. Guardar implica reconocer límites

Shamar introduce también una ética del límite.

Para guardar algo es necesario reconocer que:

no todo puede consumirse,
no todo debe explotarse,
no todo pertenece absolutamente a quien lo utiliza.

El ser humano recibe autoridad, pero no soberanía absoluta.

El mundo continúa siendo creación de Dios.

Por eso el mandato de trabajar está acompañado por el mandato de guardar.

La vocación humana se encuentra situada entre:

capacidad
y
responsabilidad.

10. ¿Qué nos permite comprender acerca del ser humano?

‘Abad · shamar añaden una nueva dimensión a nuestra antropología:

el ser humano es una criatura con vocación.

Hemos sido creados para participar

La persona no aparece como espectadora pasiva de la creación.

Recibe capacidad para:

  • actuar;
  • construir;
  • organizar;
  • cultivar;
  • cuidar.

La actividad necesita propósito

El trabajo humano adquiere sentido cuando no se reduce únicamente a acumulación o rendimiento.

Puede convertirse en participación responsable dentro del mundo.

La capacidad implica responsabilidad

Poder transformar la realidad significa también poder dañarla.

Por eso shamar acompaña a ‘abad.

La capacidad humana necesita límites éticos.

11. En 10 Mandamientos para la Salud Mental

Estos términos ayudan a ampliar la arquitectura que estamos construyendo:

Adamah — pertenencia a la creación
‘Afar — materialidad y finitud
Yatsar — existencia formada
Naphach / Neshamah — vida recibida
Hayah / Nefesh — ser viviente
Tselem — dignidad y vocación
‘Ezer kenegdó — existencia relacional
‘Abad · Shamar — trabajo, servicio y cuidado responsable
Leb — centro interior
Ruah — dinamismo y orientación
Shalom — horizonte de integración y plenitud.

La persona no solo es.

También está llamada a hacer algo con la vida recibida.

Pero esa actividad debe permanecer subordinada a:

dignidad, relación, límites, responsabilidad y cuidado.

12. Implicaciones para la salud mental integral

‘Abad y shamar no constituyen conceptos clínicos.

Sin embargo, ayudan a pensar varias tensiones relevantes para la salud mental.

El trabajo puede proporcionar sentido

La actividad significativa puede contribuir a:

  • estructura;
  • propósito;
  • participación;
  • pertenencia;
  • servicio.

Pero el trabajo deja de cumplir esa función cuando se convierte en la única fuente de identidad.

Trabajar también necesita límites

La vocación de ‘abad aparece acompañada de shamar.

Aplicado prudentemente a nuestra realidad, esto recuerda que una vida saludable no consiste únicamente en:

hacer más.

También necesita:

preservar, cuidar y poner límites.

Eso incluye cuidar:

  • el cuerpo;
  • el descanso;
  • las relaciones;
  • la salud;
  • el entorno;
  • aquello que ha sido confiado.

El agotamiento no es una virtud

El carácter bueno del trabajo no convierte el agotamiento crónico en ideal espiritual.

La misma creación que incluye trabajo incluye también ritmo y descanso.

Por eso la ética bíblica del trabajo debe leerse junto con la del sábado, no contra ella.

El trabajo posee dignidad.

Pero no es absoluto.

13. Trabajo, descanso y cuarto mandamiento

Aquí aparece una conexión especialmente importante con el libro.

Génesis presenta:

trabajo
y
posteriormente
descanso divino.

El Decálogo estructura después la vida humana mediante seis días de labor y un día apartado para cesar.

Por eso el cuarto mandamiento no desprecia el trabajo.

Lo limita.

El trabajo es bueno.

Pero no debe ocupar todo el espacio de la existencia.

La persona no fue creada únicamente para producir.

La alternancia entre actividad y descanso protege algo fundamental:

el ser humano vale incluso cuando deja de producir.

Esta conexión entre creación, trabajo y descanso resulta central para la antropología de 10 Mandamientos para la Salud Mental.

14. ‘Abad · Shamar y la relación con la creación

Estos verbos resultan especialmente importantes para la cuarta relación del proceso restaurador desarrollado en el libro:

Dios
yo mismo
los demás
la creación.

La relación con la creación no consiste únicamente en contemplarla.

Implica:

trabajar dentro de ella
y
cuidarla.

Por eso la restauración integral incluye también recuperar una relación más ordenada con:

  • recursos;
  • consumo;
  • entorno;
  • trabajo;
  • descanso;
  • responsabilidad ecológica.

Sin convertir Génesis 2:15 en un programa ambiental contemporáneo, el texto proporciona un principio claro:

la creación confiada al ser humano debe ser utilizada de manera compatible con su cuidado.

15. Textos bíblicos principales

Génesis 2:5 — Todavía no había ser humano que trabajara la tierra.

Génesis 2:15 — Dios coloca al ser humano en el jardín para ‘abad y shamar: trabajarlo y guardarlo.

Génesis 3:17-19 — El trabajo continúa, pero queda marcado por fatiga y resistencia.

Éxodo 20:9-10 — Trabajo y descanso aparecen estructurados dentro del cuarto mandamiento.

Números 3:7-8Shamar y vocabulario de servicio aparecen vinculados a responsabilidades relacionadas con el santuario.

Deuteronomio 6:13‘Abad aplicado al servicio a Dios.

Deuteronomio 8:6Shamar aplicado a guardar los caminos y mandamientos de Dios.

Salmo 24:1 — La tierra pertenece finalmente a YHWH.

16. Para profundizar

Davidson, R. M. (2015). The Genesis account of origins. En G. A. Klingbeil (Ed.), The Genesis creation account and its reverberations in the Old Testament (pp. 59–129). Andrews University Press.

Hamilton, V. P. (1990). The book of Genesis: Chapters 1–17. Eerdmans.

Koehler, L., Baumgartner, W., Richardson, M. E. J., & Stamm, J. J. (1994–2000). The Hebrew and Aramaic lexicon of the Old Testament (5 vols.). Brill.

Mathews, K. A. (1996). Genesis 1–11:26. Broadman & Holman.

Middleton, J. R. (2005). The liberating image: The Imago Dei in Genesis 1. Brazos Press.

Wenham, G. J. (1987). Genesis 1–15. Word Books.

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