Cuando atravesamos un momento difícil, es frecuente que sintamos la tentación de encerrarnos en nosotros mismos. A veces pensamos que nadie podrá comprendernos, que seremos una carga para los demás o que debemos resolver solos aquello que estamos viviendo.
Sin embargo, compartir lo que sentimos con una persona de confianza puede aliviar una parte importante de esa carga y ayudarnos a mirar la situación desde otra perspectiva.
Hablar también forma parte del proceso de restauración
Poner en palabras aquello que vivimos no siempre hace desaparecer el sufrimiento, pero muchas veces reduce la sensación de soledad y nos ayuda a ordenar nuestros pensamientos.
No necesitamos encontrar inmediatamente todas las respuestas.
En ocasiones, basta con sentir que alguien nos escucha con respeto, sin juzgarnos y sin intentar resolverlo todo.
Elegir bien a esa persona también es importante. No todas las personas saben acompañar del mismo modo. Busca a alguien que te transmita confianza, que sepa escuchar y que respete tu proceso.
Un pequeño paso para hoy
Piensa en una persona con la que puedas sentirte seguro, respetado y escuchado.
Ese acompañamiento puede ser muy valioso, aunque no sustituye la orientación de un profesional cuando el sufrimiento es intenso, persiste en el tiempo o interfiere de manera importante en tu vida cotidiana.
Puede ser un familiar, un amigo, un pastor, un consejero o cualquier persona que te inspire confianza.
No hace falta contarle toda tu historia.
Puedes comenzar simplemente diciendo:
«Hay algo que me gustaría compartir contigo porque estoy pasando por un momento difícil.»
Ese pequeño paso puede abrir la puerta a un acompañamiento que no tengas que recorrer en soledad.
Una pequeña reflexión
A veces creemos que pedir ayuda es un signo de debilidad.
Sin embargo, reconocer que necesitamos a los demás forma parte de nuestra propia humanidad.
Compartir el sufrimiento no siempre hace que desaparezca, pero muchas veces hace que resulte más llevadero cuando alguien camina a nuestro lado.
¿Qué te gustaría hacer ahora?
Puedes continuar por el camino que mejor responda a lo que necesitas en este momento.
Reducir aquello que alimenta la ansiedad
Identificar algunos hábitos cotidianos que pueden mantener el estado de alerta sin que apenas lo percibamos.
Saber cuándo pedir ayuda profesional
Reconocer cuándo buscar ayuda constituye un paso responsable hacia la restauración.
