Biblioteca Viva → Léxico hebreo y griego → Pesel / Temunah
1. Significado básico
En Éxodo 20:4 aparecen dos términos:
pesel (פֶּסֶל) — imagen labrada, imagen tallada, imagen cultual.
temunah (תְּמוּנָה) — forma, figura, apariencia, representación.
El mandamiento declara:
«No te harás imagen, ni ninguna semejanza de lo que esté arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra».
Pesel está relacionado con el verbo pasal, «tallar», «labrar» o «cincelar», y suele referirse a una imagen producida mediante trabajo humano, frecuentemente en contextos religiosos.
Temunah posee un campo más amplio. Puede referirse a una forma, aspecto o representación, sin ser necesariamente un ídolo por sí misma (Koehler et al., 1994–2000).
Por tanto, no son simplemente dos sinónimos.
2. Campo semántico de Pesel
Pesel puede designar:
- una imagen tallada;
- una representación fabricada;
- una imagen utilizada en culto;
- frecuentemente, un ídolo.
Su asociación con el verbo «tallar» mantiene visible algo importante:
el objeto es producido por manos humanas.
Esto crea una tensión teológica central en el segundo mandamiento:
la criatura intenta fabricar una representación material de aquello que posteriormente puede tratar como divino.
Childs (1974) y Durham (1987) destacan que el contexto del Decálogo no permite separar la fabricación de la imagen del uso religioso que recibe.
3. Campo semántico de Temunah
Temunah significa de manera más general:
- forma;
- apariencia;
- semejanza;
- figura;
- representación.
A diferencia de pesel, no designa necesariamente un objeto fabricado.
Números 12:8, por ejemplo, afirma que Moisés contempla la temunah de YHWH, expresión difícil que no se refiere a un ídolo construido.
Deuteronomio 4 utiliza el término de manera especialmente significativa cuando recuerda a Israel:
«ninguna figura visteis» (Dt 4:15).
Por eso temunah amplía la cuestión desde el objeto tallado hacia el problema más general de dar forma visible a aquello cuya forma Israel no vio en Horeb (Tigay, 1996).
4. ¿Prohíbe el mandamiento todo arte?
No.
El propio Pentateuco contiene representaciones artísticas cuya fabricación es ordenada por Dios.
En el santuario aparecen:
- querubines;
- flores;
- granadas;
- formas vegetales;
- ornamentación.
Éxodo 25 incluso ordena fabricar dos querubines sobre el propiciatorio.
Por tanto, el segundo mandamiento no puede significar:
«no producir ninguna imagen visual».
Su contexto es cultual:
«No te inclinarás a ellas, ni las honrarás» (Ex 20:5).
El problema no es la representación artística en sí misma, sino convertir una representación creada en objeto o mediación indebida de adoración (Childs, 1974; Propp, 2006).
5. Deuteronomio 4 — «ninguna figura visteis»
Deuteronomio ofrece una explicación particularmente importante.
Moisés recuerda que, cuando Dios habló desde Horeb:
«oísteis la voz de sus palabras, mas a excepción de oír la voz, ninguna figura visteis» (Dt 4:12).
Después advierte:
«Guardad, pues, mucho vuestras almas; pues ninguna figura visteis… para que no os corrompáis y hagáis para vosotros escultura, imagen de figura alguna» (Dt 4:15-16).
La secuencia es muy significativa:
Dios habló
pero
Israel no vio una forma que pudiera reproducir.
La revelación divina no autoriza al ser humano a decidir por sí mismo qué aspecto debe tener Dios.
6. El problema de reducir a Dios a una representación
Una imagen puede ser manejada.
Puede ser localizada.
Transportada.
Poseída.
Observada desde todos los ángulos.
Dios, en cambio, no puede ser reducido a un objeto dentro de la creación.
Por ello, el segundo mandamiento protege una distinción fundamental:
el Creador no puede ser contenido por una representación creada.
Esto no significa que toda representación religiosa sea igualmente problemática ni resuelve por sí solo todas las discusiones posteriores sobre arte cristiano.
El texto del Decálogo se ocupa primariamente del problema del culto y de la representación de lo divino mediante imágenes fabricadas.
7. Pesel y el becerro de oro
Éxodo 32 proporciona una ilustración dramática.
Israel fabrica un becerro de oro y declara:
«Israel, estos son tus dioses, que te sacaron de la tierra de Egipto».
El problema resulta todavía más profundo porque Aarón proclama después:
«Mañana será fiesta para Jehová».
La escena muestra que la idolatría no siempre consiste simplemente en abandonar verbalmente a YHWH.
Puede consistir también en pretender representar a YHWH de una manera incompatible con la revelación que Él ha dado de sí mismo.
Así, una representación falsa puede conservar lenguaje religioso y, al mismo tiempo, distorsionar profundamente aquello que pretende representar.
8. Tselem, Pesel y Temunah
Aquí aparece una relación particularmente interesante con nuestro Léxico.
En Génesis 1, Dios crea al ser humano como:
tselem Elohim — imagen de Dios.
En Éxodo 20, el ser humano recibe la prohibición de fabricar:
pesel / temunah — imágenes o representaciones cultuales.
No son términos equivalentes.
Pero el contraste resulta teológicamente sugerente.
La Escritura afirma que Dios determina cómo su imagen estará representada en la creación: la humanidad recibe esa condición; no es el ser humano quien fabrica una imagen para contener o definir a Dios.
Middleton (2005) ha destacado precisamente el carácter representativo de tselem dentro de Génesis 1.
Podemos formularlo prudentemente:
la persona recibe ser imagen;
no recibe autoridad para fabricar a Dios a su propia imagen.
9. Imagen externa e imagen interior
El segundo mandamiento habla directamente de representaciones externas y cultuales.
No habla léxicamente de «imágenes psicológicas de Dios».
Sin embargo, su lógica permite plantear posteriormente una cuestión antropológica importante:
también podemos construir mental y afectivamente representaciones de Dios que no correspondan adecuadamente a su revelación.
Podemos imaginar a Dios fundamentalmente como:
- juez implacable;
- controlador;
- ser distante;
- proveedor de deseos;
- garantía de éxito;
- figura semejante a determinadas experiencias humanas de autoridad.
Estas representaciones interiores pueden estar profundamente influidas por nuestra historia personal.
Pero esa aplicación pertenece al desarrollo teológico y psicológico posterior, no al significado léxico de pesel o temunah.
10. En 10 Mandamientos para la Salud Mental
El capítulo 17, dedicado al segundo mandamiento, desarrolla esta cuestión mediante el concepto de «imagen psicoafectiva de Dios»: la representación interior de Dios que no es solamente cognitiva, sino también afectiva y relacional.
El libro distingue entre aquello que una persona afirma intelectualmente acerca de Dios y la representación afectiva y relacional desde la que realmente puede experimentarlo.
El vínculo con pesel / temunah no consiste en afirmar que una representación psicológica sea literalmente el «ídolo» de Éxodo 20.
La conexión es analógica:
tanto una imagen externa como una representación interior pueden terminar atribuyendo a Dios características que proceden más de nuestra construcción que de su propia revelación.
Por eso el segundo mandamiento plantea también una pregunta:
¿qué Dios estoy realmente representando cuando pienso en Él, hablo de Él o me relaciono con Él?
11. La revelación precede a nuestra representación
Aquí aparece un principio especialmente importante.
En la lógica bíblica:
Dios se revela;
el ser humano responde.
La dirección no debería invertirse:
el ser humano imagina primero cómo debería ser Dios
y después obliga a Dios a encajar en esa representación.
Deuteronomio 4 insiste precisamente en que Israel debe recibir la revelación que Dios proporciona en lugar de fabricar una forma que Él no mostró.
Esto protege a la persona frente a una espiritualidad construida exclusivamente mediante proyección.
12. ¿Qué nos permite comprender acerca del ser humano?
Pesel / temunah iluminan indirectamente una capacidad humana extraordinaria:
somos seres capaces de representar la realidad.
Creamos:
- imágenes;
- símbolos;
- conceptos;
- relatos;
- interpretaciones.
Esta capacidad es indispensable para pensar y comunicar.
Pero posee también un riesgo:
confundir nuestra representación con la realidad representada.
Nuestras imágenes pueden ayudarnos
Necesitamos conceptos para hablar de aquello que no podemos abarcar completamente.
Nuestras imágenes pueden deformar
Una representación puede seleccionar ciertos aspectos y excluir otros.
Nuestras imágenes pueden convertirse en absolutas
El problema aparece cuando dejamos de reconocer que nuestra representación es limitada y comenzamos a tratarla como si agotara completamente la realidad.
13. Implicaciones para la salud mental integral
Esta distinción puede resultar especialmente importante en la experiencia religiosa.
Una persona puede creer:
«Dios es así»
cuando, en realidad, su imagen de Dios ha sido profundamente moldeada por:
- experiencias familiares;
- relaciones autoritarias;
- abandono;
- abuso religioso;
- culpa;
- miedo;
- determinadas enseñanzas recibidas.
Eso no significa que toda dificultad espiritual proceda de una «imagen equivocada de Dios».
Tampoco convierte el segundo mandamiento en una técnica terapéutica.
Pero sí justifica una pregunta importante:
¿la representación de Dios desde la que vivo corresponde realmente al Dios que la Escritura revela?
14. Una imagen deformada puede afectar la relación
La manera en que una persona imagina a Dios puede influir en:
- confianza;
- oración;
- culpa;
- perdón;
- seguridad;
- obediencia;
- experiencia del propio valor.
Si Dios es experimentado exclusivamente como amenaza, puede resultar difícil acercarse a Él.
Si es imaginado como indulgencia sin verdad, puede desaparecer la responsabilidad.
Si se convierte en garantía de éxito personal, la fe puede entrar en crisis cuando aparece el sufrimiento.
Por eso la restauración espiritual puede requerir también una revisión de las representaciones mediante las que interpretamos a Dios.
15. Cristo y la imagen de Dios
La lectura cristiana añade un desarrollo decisivo.
El Nuevo Testamento presenta a Cristo como:
«imagen del Dios invisible» (Col 1:15).
Y Jesús afirma:
«El que me ha visto a mí, ha visto al Padre» (Jn 14:9).
Aquí la respuesta cristiana al problema de cómo conocer a Dios no consiste en fabricar una representación según nuestras preferencias.
Consiste en recibir la revelación de Dios en Cristo.
Esto conecta directamente con el recorrido restaurador del libro:
la contemplación de Cristo permite revisar y corregir representaciones de Dios deformadas por nuestra historia, miedo o proyección.
No porque podamos comprender exhaustivamente a Dios, sino porque Cristo se convierte en el referente decisivo de su carácter para la fe cristiana.
16. Pesel / Temunah dentro del recorrido del Decálogo
Las entradas del segundo mandamiento pueden ahora leerse juntas:
Panim / ‘al-panay — ¿ante quién vivo?
↓
Qanna — ¿a quién pertenece mi lealtad última?
↓
Pesel / Temunah — ¿cómo estoy representando a Dios?
↓
Leb — ¿qué representación organiza realmente mi interioridad?
Esto muestra que la idolatría bíblica no debe reducirse únicamente a la existencia física de una estatua.
El segundo mandamiento protege también una cuestión fundamental:
Dios conserva el derecho de revelarse a sí mismo.
La criatura no puede reducir al Creador a una forma que pueda dominar, controlar o definir completamente.
17. Textos bíblicos principales
Éxodo 20:4-6 — Prohibición de pesel y temunah dentro del segundo mandamiento.
Éxodo 25:18-20 — Querubines ordenados por Dios; evidencia de que la prohibición no alcanza indiscriminadamente toda representación artística.
Éxodo 32:1-8 — El becerro de oro como ejemplo de representación cultual deformada.
Éxodo 34:17 — Prohibición de fabricar dioses de fundición.
Deuteronomio 4:12, 15-19 — Israel oyó la voz, pero no vio ninguna temunah que pudiera reproducir.
Deuteronomio 5:8-10 — Repetición del segundo mandamiento.
Números 12:8 — Uso de temunah en una construcción que no designa una imagen idolátrica.
Isaías 40:18 — «¿A qué, pues, haréis semejante a Dios, o qué imagen le compondréis?»
Colosenses 1:15 — Cristo como imagen del Dios invisible.
Juan 14:9 — Cristo como revelación del Padre.
18. Para profundizar
Childs, B. S. (1974). The book of Exodus: A critical, theological commentary. Westminster Press.
Durham, J. I. (1987). Exodus. Word Books.
Koehler, L., Baumgartner, W., Richardson, M. E. J., & Stamm, J. J. (1994–2000). The Hebrew and Aramaic lexicon of the Old Testament (5 vols.). Brill.
Middleton, J. R. (2005). The liberating image: The Imago Dei in Genesis 1. Brazos Press.
Propp, W. H. C. (2006). Exodus 19–40: A new translation with introduction and commentary. Doubleday.
Tigay, J. H. (1996). Deuteronomy. Jewish Publication Society.
