Biblioteca Viva → Léxico hebreo y griego → Tselem
1. Significado básico
Tselem es el término hebreo habitualmente traducido como «imagen». Aparece 17 veces en el hebreo del Antiguo Testamento y posee un cognado arameo, también frecuente en Daniel. Fuera de Génesis, puede designar imágenes, representaciones o figuras, incluidas imágenes cultuales e idolátricas.
Su importancia antropológica procede especialmente de Génesis 1:26-27:
«Entonces dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza […]
Y creó Dios al hombre a su imagen,
a imagen de Dios lo creó;
varón y hembra los creó».
La expresión combina tselem (צֶלֶם), «imagen», con demut (דְּמוּת), «semejanza». Los dos términos poseen campos semánticos propios, pero en Génesis funcionan de manera estrechamente relacionada; Génesis 5:3 incluso invierte su orden. Por ello, no parece necesario convertirlos en dos partes diferentes de la constitución humana.
Tselem puede referirse en otros lugares a una representación visible. Sin embargo, Génesis 1 no explica la «imagen de Dios» mediante una sola característica física, intelectual o espiritual.
La expresión describe algo más amplio:
el ser humano ha sido creado para representar a Dios dentro de la creación y vivir en una relación singular con Él, con los demás seres humanos y con el mundo que le ha sido confiado (Clines, 1968; Davidson, 1988; Middleton, 2005, 2015).
2. Campo semántico
Los principales usos de tselem permiten reconocer varios matices:
- imagen o representación: algo que hace presente o representa otra realidad;
- figura o estatua: especialmente en contextos cultuales;
- representación de una realidad ausente: la imagen remite a aquello que representa sin ser idéntica a ello;
- imagen de Dios aplicada al ser humano: uso excepcionalmente significativo de Génesis 1:26-27; 5:1-3 y 9:6.
Esto conduce a una cautela fundamental.
El significado antropológico de tselem en Génesis 1 no puede obtenerse únicamente del diccionario. El contexto narrativo, la relación con demut, la misión de gobernar la creación y el trasfondo cultural del antiguo Cercano Oriente son necesarios para comprender la expresión (Garr, 2003; Middleton, 2005, 2015).
3. Tselem y Demut: imagen y semejanza
Génesis 1:26 utiliza conjuntamente:
betzalmenu kidmutenu
«a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza».
A lo largo de la historia de la interpretación se han propuesto numerosas distinciones entre «imagen» y «semejanza». Sin embargo, el texto de Génesis no parece establecer entre ambas expresiones dos niveles ontológicos independientes.
Génesis 1:27 utiliza solamente tselem. Génesis 5:1 habla de demut, mientras Génesis 5:3 utiliza nuevamente ambos términos pero invierte la construcción.
Esto favorece la conclusión de que tselem y demut se complementan y se solapan semánticamente, expresando de diferentes maneras la correspondencia entre el Creador y la criatura humana.
La persona es semejante a Dios, pero nunca idéntica a Dios.
La imagen mantiene simultáneamente:
semejanza y diferencia.
El ser humano representa al Creador precisamente porque no es el Creador.
4. En el contexto bíblico
Toda la humanidad, no una élite
El contexto del antiguo Cercano Oriente aporta una dimensión especialmente relevante.
En diferentes culturas antiguas, la imagen de una divinidad podía estar vinculada a una estatua cultual y, en determinados contextos políticos, el rey era considerado representante particular de la divinidad.
Génesis 1 realiza una afirmación extraordinaria:
no solamente el rey, el sacerdote o una élite privilegiada, sino la humanidad es creada a imagen de Dios.
Middleton ha destacado el carácter profundamente democratizador de esta afirmación: una dignidad y una vocación que en otros entornos podían atribuirse especialmente al monarca son extendidas a toda la humanidad.
Esta universalidad aparece inmediatamente explicitada:
«varón y hembra los creó» (Gn 1:27).
Ambos pertenecen plenamente a la humanidad creada a imagen de Dios. Davidson (1988) destaca que Génesis 1 presenta a hombre y mujer con igual estatus ontológico dentro del propósito creador.
Imagen y representación
Génesis 1:26 conecta inmediatamente la imagen con una misión:
«[…] y señoree […]».
Esto ha llevado a numerosos estudiosos a destacar la dimensión funcional y representativa de la imagen.
El ser humano ejerce una responsabilidad delegada sobre la creación como representante del gobierno del Creador (Clines, 1968; Middleton, 2005).
Esta autoridad no significa propiedad absoluta.
El mundo continúa perteneciendo a Dios.
El ser humano recibe una vocación de administración responsable, que Génesis 2 desarrollará mediante el lenguaje de cultivar y guardar.
Pero la imagen no debe reducirse solamente a una función
Sería igualmente insuficiente afirmar que el ser humano es imagen de Dios únicamente cuando ejerce dominio.
Génesis no dice simplemente que la humanidad realiza la imagen; dice que Dios la crea en su imagen.
Davidson (1988) ha señalado que tselem y demut abarcan a la persona de manera integral y no permiten limitar la imagen exclusivamente a una característica aislada. Clines y Middleton destacan especialmente su dimensión representativa; otras aproximaciones han señalado dimensiones estructurales y relacionales. Estas perspectivas no necesitan excluirse mutuamente.
Podemos, por tanto, distinguir sin separar:
- realidad: el ser humano es creado a imagen de Dios;
- relación: está creado para vivir ante Dios y con otros;
- vocación: está llamado a representar el gobierno y carácter del Creador en el mundo.
5. Una afirmación decisiva: la imagen permanece después de la caída
La importancia antropológica de tselem no termina en Génesis 1.
Génesis 5 vuelve a hablar de la humanidad en relación con la semejanza divina.
Y Génesis 9:6, ya después de la entrada del pecado, la violencia y el diluvio, fundamenta la gravedad del asesinato en esta razón:
«porque a imagen de Dios es hecho el hombre».
Este texto resulta decisivo.
La caída afecta profundamente al ser humano, sus relaciones y su capacidad para reflejar adecuadamente el carácter de Dios, pero no elimina su condición de imagen.
Middleton señala precisamente que Génesis 5 y 9 muestran la permanencia de la imago Dei después del pecado; Génesis 9:6 convierte esa realidad en fundamento para proteger la vida humana.
Hoekema (1986) distingue de manera útil entre una imagen afectada o distorsionada por el pecado y una imagen que no deja por ello de pertenecer al ser humano.
Esta distinción posee enormes consecuencias antropológicas.
La dignidad humana no desaparece cuando la persona está quebrantada.
6. ¿Qué nos permite comprender acerca del ser humano?
Tselem responde a una pregunta anterior incluso a nefesh, leb y ruah:
¿Por qué posee valor el ser humano?
La respuesta de Génesis no comienza por sus capacidades.
No dice que la persona sea valiosa porque piensa mejor que otras criaturas, porque sea productiva, independiente, saludable o moralmente perfecta.
Su dignidad comienza en una realidad recibida:
ha sido creada por Dios y a imagen de Dios.
El valor precede al rendimiento
Esto significa que la dignidad no necesita ganarse.
Una persona no adquiere mayor condición de imagen de Dios porque posea más inteligencia, poder, salud, autonomía o reconocimiento social.
Tampoco pierde esa condición porque disminuyan esas capacidades.
Dentro de la lógica de Génesis 1 y 9, el valor pertenece a la persona antes de cualquier evaluación de su utilidad.
La dignidad es universal
La imagen pertenece a «la humanidad», varón y mujer.
Por extensión, ninguna distinción de estatus, cultura, capacidad, edad o condición social puede convertir a una persona en ontológicamente más humana que otra.
Esta es una de las consecuencias éticas más fuertes de la imago Dei (Clines, 1968; Middleton, 2005).
La dignidad implica vocación
Ser imagen no significa solamente poseer valor.
Implica también responsabilidad.
El ser humano está llamado a representar en la creación el gobierno del Dios cuya imagen porta.
Por ello, poder y dignidad no pueden separarse del cuidado.
El dominio humano debe reflejar el carácter del Creador y no convertirse en explotación.
La identidad es relacional
La persona no se define completamente desde sí misma.
Ser tselem Elohim significa que su identidad remite a Otro.
La imagen existe porque existe un Original.
Desde esta perspectiva, la antropología bíblica entiende al ser humano como una criatura cuya identidad más profunda no surge solamente de la autopercepción, sino de su relación constitutiva con el Creador.
7. En 10 Mandamientos para la Salud Mental
Tselem ocupa un lugar fundamental en la antropología del libro porque proporciona el fundamento de una de sus afirmaciones más importantes:
el valor de la persona precede a su estado psicológico, moral o espiritual.
Antes de analizar pensamiento, emoción, deseo, conducta o sufrimiento, el libro sitúa al ser humano dentro de la afirmación creadora:
«a imagen de Dios lo creó».
Esto permite ordenar posteriormente los demás conceptos:
Tselem — dignidad e identidad recibidas
Nefesh — existencia viviente concreta
Leb — centro interior
Ruah — dinamismo y orientación
Shalom — horizonte de integración y plenitud
Tselem evita que esta antropología se convierta únicamente en una descripción del funcionamiento humano.
La persona no es simplemente un sistema que debe funcionar correctamente.
Es alguien.
Posee una dignidad que antecede al funcionamiento y que permanece incluso cuando ese funcionamiento está profundamente afectado.
Esta afirmación se vuelve especialmente importante después de la caída.
El pecado puede deformar la manera en que una persona refleja el carácter de Dios.
El trauma puede alterar profundamente su percepción de sí misma.
La enfermedad puede limitar capacidades.
Las relaciones abusivas pueden destruir la sensación subjetiva de valor.
Pero ninguna de esas realidades constituye la fuente original de la dignidad humana.
Por eso la restauración no consiste en crear valor donde no lo había.
Consiste también en ayudar a la persona a reconocer una dignidad que el sufrimiento, el pecado o la mirada de otros pueden haber ocultado, pero que no poseen autoridad para otorgar ni retirar.
8. Implicaciones para la salud mental integral
Tselem no es un concepto clínico y no debe convertirse en una técnica terapéutica.
Sin embargo, proporciona un marco antropológico particularmente relevante para la salud mental.
La persona es más que su diagnóstico
Un diagnóstico puede resultar necesario y útil para comprender determinados patrones de sufrimiento y orientar una intervención.
Pero describe una condición.
No define el valor de la persona.
Desde la lógica de la imago Dei, ninguna persona puede reducirse a «depresivo», «ansiosa», «adicta», «traumatizado» o cualquier otra categoría clínica.
El diagnóstico puede decir algo importante acerca de lo que la persona experimenta.
No puede decir cuánto vale.
La dignidad no depende de la autonomía
Las culturas contemporáneas tienden a asociar valor con productividad, independencia y capacidad de decisión.
Tselem ofrece otro fundamento.
Ni la dependencia, ni la discapacidad, ni el deterioro cognitivo, ni una crisis psicológica eliminan la condición humana delante de Dios.
Dentro de este marco teológico, la vulnerabilidad puede modificar radicalmente lo que una persona puede hacer, pero no aquello que hace que esa persona sea digna de cuidado y respeto (Hoekema, 1986).
Una imagen dañada de uno mismo no equivale a pérdida de la imagen de Dios
Esta distinción resulta especialmente relevante.
Una persona puede pensar:
«No valgo nada».
Puede sentir vergüenza profunda.
Puede haber interiorizado durante años mensajes de desprecio.
Puede incluso ser incapaz, en determinado momento, de percibir cualidades positivas en sí misma.
La psicología deberá explorar las experiencias, cogniciones, relaciones y procesos que han contribuido a esa autopercepción.
La antropología bíblica añade otra afirmación:
la percepción subjetiva del propio valor no constituye la fuente objetiva de la dignidad.
Que una persona no consiga reconocerse como valiosa no significa que haya dejado de serlo.
La restauración incluye aprender a mirar de nuevo
Dentro del recorrido de 10 Mandamientos para la Salud Mental, esto conecta especialmente con RECONOCER.
Antes de modificar una conducta o reorganizar un hábito, a veces es necesario reconocer una verdad más fundamental:
la persona herida continúa siendo persona.
La persona caída continúa siendo portadora de la imagen.
La persona que necesita ayuda continúa siendo digna de recibirla.
Esta afirmación no elimina responsabilidad moral ni convierte toda autopercepción positiva en verdad.
Hace algo distinto:
establece un suelo de dignidad desde el cual la responsabilidad, el cambio y la restauración pueden comenzar.
9. Cristo y la restauración de la imagen
La lectura canónica cristiana amplía la imago Dei más allá de Génesis.
El Nuevo Testamento presenta a Cristo como imagen de Dios (2 Co 4:4; Col 1:15) y relaciona la transformación del creyente con una progresiva conformidad a esa imagen (Ro 8:29; 2 Co 3:18; Col 3:10).
Esto resulta particularmente importante para el recorrido del libro.
El propósito restaurador de Dios no consiste simplemente en devolver a la persona una sensación subjetiva de bienestar.
La restauración cristiana posee una dirección:
conformar progresivamente la vida al carácter revelado en Cristo.
Desde esta perspectiva puede establecerse una continuidad:
creación: el ser humano es creado a imagen de Dios;
caída: la imagen permanece, pero su expresión queda profundamente afectada;
Cristo: la imagen de Dios se revela plenamente en la persona y carácter del Hijo;
Espíritu Santo: actúa en el proceso de transformación;
restauración: la persona es progresivamente renovada conforme a esa imagen.
Esto explica por qué, en la Parte IV de 10 Mandamientos para la Salud Mental, la contemplación de Cristo y la acción del Espíritu Santo no constituyen elementos añadidos artificialmente a la antropología anterior.
Representan la continuación lógica del mismo recorrido iniciado en Génesis:
la imagen creada encuentra en Cristo el modelo de su restauración.
10. Textos bíblicos principales
Génesis 1:26-28 — Creación de la humanidad a imagen y semejanza de Dios; varón y mujer reciben conjuntamente dignidad y vocación.
Génesis 5:1-3 — Relación entre tselem y demut y continuidad de la imagen en la historia humana.
Génesis 9:6 — La imagen de Dios permanece después de la caída y constituye fundamento para proteger la vida humana.
Salmo 8:4-8 — Aunque no utiliza tselem, desarrolla la dignidad y vocación humanas dentro de la creación.
2 Corintios 3:18 — Transformación progresiva a la imagen del Señor.
2 Corintios 4:4 — Cristo como imagen de Dios.
Colosenses 1:15 — Cristo, «imagen del Dios invisible».
Colosenses 3:9-10 — Renovación del nuevo ser humano conforme a la imagen del Creador.
Romanos 8:29 — Conformidad a la imagen del Hijo como horizonte de transformación.
Santiago 3:9 — La semejanza divina como fundamento ético en la manera de tratar al prójimo.
11. Para profundizar
Clines, D. J. A. (1968). The image of God in man. Tyndale Bulletin, 19(1), 53–103. https://doi.org/10.53751/001c.30671
Davidson, R. M. (1988). The theology of sexuality in the beginning: Genesis 1–2. Andrews University Seminary Studies, 26(1), 5–24.
Garr, W. R. (2003). In his own image and likeness: Humanity, divinity, and monotheism. Brill.
Hoekema, A. A. (1986). Created in God’s image. Eerdmans.
Koehler, L., Baumgartner, W., Richardson, M. E. J. y Stamm, J. J. (1994–2000). The Hebrew and Aramaic lexicon of the Old Testament (5 vols.). Brill.
Middleton, J. R. (2005). The liberating image: The Imago Dei in Genesis 1. Brazos Press.
Middleton, J. R. (2015). Image of God. En S. E. Balentine (Ed.), The Oxford encyclopedia of the Bible and theology (Vol. 2, pp. 516–523). Oxford University Press.
