«No entiendo por qué vuelvo a hacer lo mismo.»
Probablemente todos hemos pronunciado esa frase alguna vez.
Sabemos que deberíamos dormir más, trabajar menos, pedir perdón, poner límites, dejar una relación que nos hace daño o abandonar un hábito que deteriora nuestra salud.
Lo sabemos.
Sin embargo, terminamos recorriendo el mismo camino.
Y entonces aparece la frustración.
«¿Qué me pasa?»
«¿Por qué no consigo cambiar?»
¿Será simplemente una cuestión de fuerza de voluntad?
O quizá la pregunta correcta sea otra.
Saber no siempre significa cambiar
Uno de los descubrimientos más importantes de la psicología es que las personas no actuamos únicamente según lo que sabemos.
Actuamos también desde nuestros aprendizajes, nuestras experiencias, nuestras emociones, nuestros vínculos y los patrones que hemos ido construyendo a lo largo de la vida.
Aaron Beck mostró cómo determinados esquemas mentales pueden influir silenciosamente en la manera en que interpretamos la realidad y respondemos a ella (Beck, 1979).
La neurociencia, por su parte, explica que nuestro cerebro busca constantemente ahorrar energía. Cuando un comportamiento se repite muchas veces, acaba convirtiéndose en un circuito automático. Incluso cuando sabemos que ya no nos beneficia.
Por eso cambiar resulta mucho más complejo que simplemente tomar una decisión.
No somos máquinas
A veces hablamos de la mente como si fuera un ordenador.
Recibimos información.
La procesamos.
Tomamos decisiones.
Pero las personas somos mucho más que eso.
Tenemos recuerdos que todavía duelen.
Miedos que apenas reconocemos.
Necesidades de aceptación.
Heridas que condicionan nuestras relaciones.
Esperanzas.
Valores.
Y una profunda necesidad de encontrar sentido.
Todo ello participa en cada decisión que tomamos.
¿Y si el problema fuera más profundo?
Quizá no repetimos los mismos errores porque seamos incapaces de cambiar.
Quizá los repetimos porque intentamos modificar únicamente la conducta mientras permanece intacto aquello que la impulsa.
Es parecido a cortar las ramas de un árbol enfermo sin cuidar sus raíces.
Durante un tiempo parece mejorar.
Pero tarde o temprano el problema reaparece.
Tal vez por eso tantos cambios duran apenas unas semanas.
Una intuición sorprendentemente actual
Hace miles de años, la Biblia ya describía una realidad que muchos seguimos experimentando.
El apóstol Pablo escribió:
«Porque no hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero, eso hago.» (Romanos 7:19)
No estaba describiendo falta de inteligencia.
Ni ausencia de información.
Estaba hablando del conflicto interior que tantas personas conocen.
Y los antiguos textos bíblicos sitúan ese conflicto en el corazón, entendido como el centro desde donde brotan nuestros pensamientos, nuestras decisiones, nuestros afectos y nuestras motivaciones.
Desde esa perspectiva, la verdadera transformación no consiste únicamente en aprender nuevas estrategias.
Consiste en restaurar el centro desde el que vivimos.
Cuando ese centro recupera su orientación, también comienzan a cambiar nuestras decisiones.
No de un día para otro.
Pero sí de una manera mucho más profunda y duradera.
Tal vez la pregunta no sea…
Quizá la pregunta no sea:
«¿Por qué vuelvo a equivocarme?»
Sino esta otra:
«¿Qué hay dentro de mí que sigue conduciéndome hacia el mismo lugar?»
Responder honestamente a esa pregunta puede resultar incómodo.
Pero también puede ser el comienzo de una transformación auténtica.
Porque comprendernos no significa justificarnos.
Significa descubrir desde dónde vivimos para poder elegir, cada día, hacia dónde queremos caminar.
Una pregunta para reflexionar esta semana
Todos tenemos patrones que se repiten.
Algunos nos ayudan a crecer.
Otros nos impiden avanzar.
¿Hay algún comportamiento o reacción que hayas repetido durante años y que hoy te gustaría comprender mejor antes de intentar cambiarlo?
Me encantará leer tu reflexión en los comentarios.
Bibliografía
- Beck, A. T. (1979). Cognitive Therapy of Depression. Guilford Press.
- Frankl, V. E. (2004). El hombre en busca de sentido. Herder.
- Kahneman, D. (2011). Thinking, Fast and Slow. Farrar, Straus and Giroux.
- Siegel, D. J. (2012). The Developing Mind (2.ª ed.). Guilford Press.
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