Hay personas que se acuestan cansadas y se levantan cansadas.
Cumplen con sus responsabilidades, continúan adelante y procuran hacer lo mejor que pueden con aquello que la vida les ha confiado. Desde fuera, todo parece seguir su curso normal. Pero algo ha cambiado silenciosamente en su interior.
Hace mucho tiempo que no consiguen descansar de verdad.
No se trata únicamente del cansancio físico. Algunas veces es la sensación de que nuestra mente nunca se detiene. Otras, el peso invisible de las preocupaciones que llevamos demasiado tiempo sosteniendo en silencio. Y no son pocas las ocasiones en las que aquello que verdaderamente nos agota no es lo que hacemos, sino aquello que sentimos que no podemos dejar de hacer.
Vivimos cansados de correr, de responder, de producir, de cuidar y de intentar poder con todo.
Quizá usted también se haya preguntado alguna vez:
¿Por qué me cuesta tanto descansar?
CUANDO EL CANSANCIO SE CONVIERTE EN UNA FORMA DE VIDA
Vivimos en una sociedad extraordinariamente acelerada. Nos hemos acostumbrado a medir nuestros días por aquello que conseguimos hacer y, con demasiada frecuencia, también medimos nuestro valor por aquello que somos capaces de producir.
Nos cuesta detenernos.
Algunas personas sienten incluso culpa cuando descansan. Otras necesitan permanecer permanentemente ocupadas para no enfrentarse al silencio o al cansancio acumulado de demasiado tiempo viviendo deprisa. Y no faltan quienes han olvidado cuándo fue la última vez que disfrutaron de algunas horas sin sentirse responsables de algo o de alguien.
Quizá uno de los grandes problemas de nuestro tiempo no sea únicamente que hacemos demasiado, sino que llevamos demasiado tiempo sin detenernos verdaderamente. El filósofo y psiquiatra Byung-Chul Han ha descrito nuestra sociedad como una «sociedad del cansancio», caracterizada por la hiperactividad, la autoexigencia y el imperativo permanente del rendimiento (Han, 2012).
El cansancio también puede convertirse en una forma de vivir.
NO FUIMOS DISEÑADOS PARA PODER CON TODO
Nuestro organismo ha sido diseñado para vivir respetando determinados ritmos biológicos. Necesitamos dormir, alimentarnos adecuadamente y alternar períodos de actividad y descanso. Cuando ignoramos sistemáticamente estos ritmos, tarde o temprano nuestro cuerpo y nuestra mente terminan recordándonos nuestros límites (Walker, 2017; Foster & Kreitzman, 2017).
Pero quizá hemos olvidado que no solamente vivimos siguiendo ritmos diarios. También necesitamos espacios regulares para detenernos, recuperar el equilibrio perdido y recordar que somos mucho más que aquello que hacemos.
Diversos estudios han mostrado que los períodos regulares de recuperación física y psicológica constituyen factores protectores del bienestar emocional y contribuyen significativamente a reducir el impacto acumulativo del estrés crónico (Sonnentag & Fritz, 2007).
No fuimos diseñados para permanecer permanentemente disponibles ni para sostenerlo todo durante demasiado tiempo.
Quizá también fuimos diseñados para detenernos regularmente, respirar más despacio y recuperar el equilibrio que algunas veces perdemos por el camino.
Nuestros límites no constituyen un fracaso humano. Forman parte de aquello que somos.
EL DESCANSO TAMBIÉN ES UNA FORMA DE HUMILDAD
Algunas veces pensamos que descansar es un premio reservado para quienes ya han terminado todas sus responsabilidades.
Sin embargo, quizá sea precisamente al contrario.
El descanso no es el premio que recibimos al final del camino. Forma parte del camino mismo.
Detenernos algunos momentos no nos hace más débiles ni menos comprometidos con aquello que amamos. Por el contrario, puede permitirnos continuar caminando con más equilibrio y más serenidad.
No somos máquinas. No fuimos diseñados para vivir permanentemente agotados.
Quizá necesitamos aprender nuevamente a decir:
- hoy necesito detenerme;
- hoy necesito pedir ayuda;
- hoy necesito guardar silencio;
- hoy necesito descansar;
- hoy necesito cuidar prudentemente también de mí mismo.
Hay mucha humildad en reconocer nuestros límites y mucha sabiduría en respetarlos.
La Organización Mundial de la Salud ha reconocido el agotamiento profesional (burnout) como un fenómeno ocupacional derivado del estrés crónico no gestionado adecuadamente, recordándonos la importancia del cuidado y del equilibrio en nuestra vida cotidiana (OMS, 2019).
UNA PREGUNTA PARA TERMINAR
Quizá llevas demasiado tiempo intentando poder con todo.
Quizá hace mucho que no te permites descansar sin sentirte culpable.
Quizá has aprendido a cuidar muy bien de los demás y has olvidado cómo cuidar prudentemente de ti mismo.
Hoy me gustaría recordarte algo extraordinariamente humano:
Tienes permiso para detenerte.
No fuimos diseñados solamente para sobrevivir. También fuimos diseñados para vivir en equilibrio.
Porque hay cansancios que no se curan durmiendo una noche más. Se alivian cuando nos permitimos vivir nuevamente al ritmo de aquello para lo que fuimos diseñados.
Y tal vez el siguiente pequeño paso que necesites dar esta semana no sea esforzarte un poco más.
Tal vez sea simplemente detenerte algunos minutos y respirar.
Y recuerda una cosa:
Nadie debería sentirse culpable por necesitar descansar.
Detenerse también forma parte del camino.
REFERENCIAS
- Foster, R. G., & Kreitzman, L. (2017). Circadian Rhythms: A Very Short Introduction. Oxford University Press.
- Han, B.-C. (2012). La sociedad del cansancio. Barcelona: Herder Editorial.
- Organización Mundial de la Salud. (2019). Clasificación Internacional de Enfermedades (CIE-11): Burn-out como fenómeno ocupacional. OMS.
- Sonnentag, S., & Fritz, C. (2007). The Recovery Experience Questionnaire: Development and Validation of a Measure for Assessing Recuperation and Unwinding From Work. Journal of Occupational Health Psychology, 12(3), 204-221.
- Walker, M. (2017). Why We Sleep: Unlocking the Power of Sleep and Dreams. Scribner.

Deja un comentario