¿Por qué necesito sentirme comprendido antes de poder cambiar?

Una persona intenta explicar lo que le sucede.

Habla de su tristeza, de una relación que se ha deteriorado, de una decisión que lamenta o de una situación que ya no sabe cómo afrontar.

Antes de terminar, escucha una respuesta:

—No deberías sentirte así.
—Tienes que ser más fuerte.
—Lo que tienes que hacer es dejar de pensar en eso.
—Debes perdonar y seguir adelante.

Quizá las palabras no sean completamente equivocadas. Incluso pueden haber sido pronunciadas con buena intención.

Sin embargo, algo dentro de esa persona se cierra.

No se siente acompañada. Se siente corregida.

No ha encontrado un lugar donde comprender lo que le ocurre, sino una nueva razón para defenderse, callar o sentirse culpable.

Por eso, antes de aceptar una orientación o iniciar un cambio, necesitamos experimentar algo fundamental: que alguien ha intentado comprendernos.

Cuando el consejo llega antes que la comprensión

Ante el sufrimiento ajeno, muchas personas sienten la necesidad de intervenir rápidamente.

Buscan una explicación, ofrecen una solución o intentan reducir la gravedad de lo sucedido. Lo hacen porque desean ayudar, porque les preocupa la otra persona o porque no saben permanecer delante de un dolor que no pueden resolver.

Pero una respuesta correcta, pronunciada en el momento equivocado, puede ser recibida como una forma de rechazo.

Quien está sufriendo no siempre necesita, en primer lugar, que le indiquen lo que debe hacer. A veces necesita poder expresar lo que siente sin ser inmediatamente juzgado, corregido o comparado.

Necesita comprobar que su experiencia importa.

Escuchar no es simplemente esperar nuestro turno para hablar. Es intentar entrar, con respeto, en el mundo de la otra persona.

Comprender no significa dar la razón en todo

A veces evitamos mostrar comprensión porque tememos que la otra persona interprete nuestra actitud como una aprobación de todas sus decisiones.

Pero comprender no significa justificar una conducta dañina.

Tampoco significa negar la responsabilidad, eliminar los límites o aceptar como verdadera cualquier interpretación de los hechos.

Podemos comprender el miedo de alguien sin aprobar su manera de reaccionar. Podemos reconocer su tristeza sin confirmar todas sus conclusiones. Podemos entender cómo llegó a tomar una decisión y, al mismo tiempo, ayudarle a reconocer sus consecuencias.

Validar una emoción no es validar necesariamente la conducta que surgió de ella.

Podemos decir:

“Comprendo que te hayas sentido abandonado.”

Sin afirmar:

“Por eso estuvo bien que hicieras daño.”

La comprensión reconoce la experiencia humana que existe detrás de la conducta. La aprobación, en cambio, emite una valoración sobre esa conducta. Son realidades diferentes.

Esta distinción nos permite acercarnos a la persona sin renunciar a la verdad.

Por qué la comprensión facilita el cambio

Cuando alguien se siente atacado, juzgado o malinterpretado, una parte importante de su energía se dirige a protegerse.

Intenta explicar sus motivos, demostrar que no es tan culpable como parece o evitar una conversación que percibe como amenazante.

En esas condiciones, incluso una observación razonable puede ser recibida como una acusación.

Por el contrario, cuando una persona se siente escuchada, disminuye la necesidad de defenderse. Puede contemplar lo sucedido con mayor honestidad porque ya no siente que toda su identidad está siendo sometida a juicio.

Las investigaciones sobre la relación terapéutica muestran que la alianza construida entre profesional y paciente se encuentra asociada de manera consistente con mejores resultados psicológicos (Flückiger et al., 2018).

De manera semejante, una revisión de 82 estudios encontró una relación significativa entre la empatía del terapeuta —especialmente cuando es percibida por la persona atendida— y los resultados del proceso terapéutico (Elliott et al., 2018).

Esto no significa que la empatía, por sí sola, resuelva todos los problemas. Significa que la calidad de la relación crea condiciones más favorables para afrontar aquello que necesita ser transformado.

La comprensión no sustituye al cambio.

Prepara el terreno para que pueda comenzar.

La diferencia entre ser explicado y ser escuchado

Cuando alguien nos cuenta su historia, podemos sentir la tentación de explicarle inmediatamente lo que le ocurre:

“Eso te pasa porque dependes demasiado de los demás.”

“Estás reaccionando así por lo que viviste en tu infancia.”

“Tu problema es que no sabes perdonarte.”

Estas explicaciones pueden contener algo de verdad. Pero, si aparecen demasiado pronto, pueden colocar a la persona en la posición de objeto observado, no de ser humano acompañado.

Ser explicado desde fuera no es lo mismo que sentirse comprendido desde dentro.

La comprensión comienza con preguntas sencillas:

—¿Qué fue lo que más te dolió?
—¿Cómo viviste aquel momento?
—¿Qué necesitas ahora?
—¿Quieres que simplemente te escuche o que pensemos juntos qué puedes hacer?

Preguntar devuelve a la persona una parte de la voz y de la capacidad de decisión que el sufrimiento puede haber debilitado.

Comprender también es ayudar a poner nombre

No siempre sabemos explicar lo que nos sucede.

A veces decimos que estamos enfadados cuando, en realidad, nos sentimos heridos. Decimos que no nos importa cuando tenemos miedo de reconocer cuánto nos importa. O afirmamos que queremos estar solos cuando lo que tememos es volver a ser rechazados.

Una escucha atenta puede ayudarnos a poner nombre a esas experiencias.

“Parece que, además de enfado, hay mucha decepción.”

“Quizá aquella crítica te hizo sentir que no eras suficiente.”

“No sé si lo estoy entendiendo bien, pero parece que tienes miedo de volver a confiar.”

Estas palabras no deben presentarse como diagnósticos ni afirmaciones definitivas. Son invitaciones para que la persona pueda explorar su propia experiencia.

Sentirse comprendido no consiste únicamente en que alguien conozca los hechos. Consiste en percibir que alguien ha reconocido el significado emocional que esos hechos tienen para nosotros.

Una escena que ilustra esta manera de acompañar

Esta forma de acercarse al sufrimiento no pertenece exclusivamente a la psicología contemporánea. También podemos reconocerla en relatos antiguos que han intentado comprender cómo acompañamos a una persona cuando ha perdido la esperanza.

Uno de ellos aparece en el Evangelio de Lucas.

Para el lector cristiano, este relato revela el modo de actuar de Jesús. Para quien no comparte la fe cristiana, puede leerse también como una escena profundamente humana sobre la escucha, la proximidad y la manera en que una relación puede ayudarnos a reinterpretar lo vivido.

Dos discípulos caminan hacia Emaús después de la muerte de Jesús. Están confundidos y decepcionados. Habían depositado en Él sus expectativas, pero los acontecimientos parecen haber destruido todo lo que esperaban.

En el relato, Jesús se acerca y comienza a caminar con ellos.

Conoce lo sucedido. También conoce aquello que ellos todavía no pueden comprender. Sin embargo, no comienza corrigiendo inmediatamente sus conclusiones.

Primero se aproxima.

Después pregunta:

“¿Qué pláticas son estas que tenéis entre vosotros mientras camináis?” (Lucas 24:17, RVR1960).

Jesús les permite contar su versión de la historia, expresar su tristeza y hablar de sus expectativas frustradas. Solo después les ayuda a interpretar lo ocurrido desde una perspectiva diferente.

Finalmente, permanece con ellos y comparte la mesa.

El movimiento que describe el relato es profundamente restaurador:

Se acerca.
Pregunta.
Escucha.
Ayuda a comprender.
Invita a continuar.

Jesús no confunde compasión con permisividad. No evita la verdad ni confirma todas las interpretaciones de los discípulos. Pero la verdad aparece dentro de una relación de proximidad.

Antes de transformar su manera de entender lo sucedido, camina con ellos por el lugar de su decepción.

Creyentes y no creyentes pueden reconocer en esta escena un principio humano valioso: muchas veces solo podemos contemplar de otra manera nuestra historia después de que alguien se ha acercado, ha escuchado nuestro relato y ha permanecido a nuestro lado.

Cinco movimientos para acompañar mejor

Podemos aprender a crear relaciones en las que la comprensión y el cambio no sean enemigos.

1. Detener nuestra urgencia por resolver

No todo dolor necesita una respuesta inmediata.

Podemos permitir algunos segundos de silencio, escuchar hasta el final y resistir la necesidad de ofrecer rápidamente nuestra experiencia personal.

La pregunta inicial no debería ser: “¿Qué consejo puedo darle?”, sino: “¿Qué está intentando comunicarme?”

2. Escuchar lo que existe detrás de los hechos

Además de conocer lo sucedido, conviene prestar atención a lo que la persona sintió, perdió, necesitó o temió.

Dos personas pueden vivir una situación parecida y otorgarle significados completamente diferentes.

Comprender requiere curiosidad, no suposición.

3. Reflejar lo que hemos entendido

Podemos utilizar expresiones como:

“Puedo entender que eso te haya afectado.”

“Después de lo que viviste, tiene sentido que te resulte difícil confiar.”

“Parece que llevas mucho tiempo intentando afrontar esto tú solo.”

No se trata de emplear fórmulas vacías, sino de comprobar si hemos entendido correctamente.

4. Preguntar antes de aconsejar

Una pregunta muy útil es:

“¿Quieres que te escuche o prefieres que pensemos juntos qué podrías hacer?”

Esta pregunta respeta el momento de la persona y evita ofrecer soluciones para las que todavía no está preparada.

5. Hablar con verdad desde la relación

Comprender no nos obliga a permanecer en silencio ante conductas destructivas, abusivas o irresponsables.

Pero la verdad puede ser comunicada desde la superioridad o desde el cuidado.

Podemos decir:

“Comprendo por qué reaccionaste de esa manera, pero creo que esa reacción está haciéndote daño y también está dañando a otras personas. Si quieres, podemos pensar en una respuesta diferente.”

La verdad sin relación puede ser experimentada como condena. La relación sin verdad puede convertirse en evitación.

El acompañamiento restaurador necesita ambas.

Cuando escuchar no es suficiente

Existen situaciones en las que comprender y acompañar deben ir unidos a una intervención más directa.

Si una persona expresa deseos de hacerse daño, vive una situación de abuso, corre un peligro inmediato o presenta un deterioro psicológico grave, no basta con ofrecer una escucha comprensiva.

En esos casos es necesario buscar ayuda profesional y, cuando exista un riesgo urgente, contactar con los servicios de emergencia correspondientes.

Pedir ayuda no traiciona la confianza de la persona. Puede ser una manera responsable de protegerla.

Un lugar donde ya no sea necesario defenderse

Muchas resistencias no nacen de una falta absoluta de voluntad para cambiar.

Nacen del temor a ser juzgados, rechazados o reducidos a nuestros errores.

Por eso una relación segura puede abrir posibilidades que la presión nunca consiguió producir.

Cuando alguien nos escucha con atención, podemos empezar a escuchar también aquellas partes de nosotros que habíamos evitado. Cuando alguien reconoce nuestro dolor sin justificar nuestras acciones, podemos asumir responsabilidad sin sentir que toda nuestra identidad queda condenada.

Comprender a una persona no significa aprobar todo lo que hace.

Significa acercarnos lo suficiente para que no tenga que defenderse antes de poder escucharnos.

A veces el cambio no comienza cuando alguien nos dice lo que debemos hacer.

Comienza cuando alguien se acerca, camina a nuestro lado y nos ayuda a mirar nuestra historia sin miedo.

Desde ese lugar, la verdad ya no se presenta únicamente como una acusación.

Puede convertirse en una invitación a vivir de otra manera.

Referencias

Elliott, R., Bohart, A. C., Watson, J. C., & Murphy, D. (2018). Therapist empathy and client outcome: An updated meta-analysis. Psychotherapy, 55(4), 399–410. https://doi.org/10.1037/pst0000175

Flückiger, C., Del Re, A. C., Wampold, B. E., & Horvath, A. O. (2018). The alliance in adult psychotherapy: A meta-analytic synthesis. Psychotherapy, 55(4), 316–340. https://doi.org/10.1037/pst0000172

Kuo, J. R., Fitzpatrick, S., Ip, J., & Uliaszek, A. A. (2022). The who and what of validation: An experimental examination of validation and invalidation of specific emotions and the moderating effect of emotion dysregulation. Borderline Personality Disorder and Emotion Dysregulation, 9, Article 15. https://doi.org/10.1186/s40479-022-00185-x


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